Hubo una época en la que comencé a sospechar que la partida estaba cerca, pero al contrario de entregarme, luché con más fuerza. Descubrí entonces que la fama paga, es una frase mía, y refiere a que he visto lo que cuesta la fama en la existencia humana, y lo que hace con los seres que se desviven por ella, el talento que traga esa gran bestia, que es una vil creación del poder detrás del poder. Por eso supe que mi intuición no ha fallado, esquivé la ruta efímera de ser alguien conocido, subsistir en el verdadero Arte depende de ello, y es lo más digno que se puede pretender en este mundo donde ponen a competir egos, donde algo huele mal cuando uno se acerca al campeón del mundo, nadie le avisa, su magnetismo es fuego que alimentan con leña de adulación y frustración, es una derivación de una fe perdida, aquel ídolo se transforma en todo lo que otros necesitan colocar en él/ella, y por dentro la incertidumbre del "genio/a" que lo representa se incrementa, con el reconocimiento no se llena ningún vacío, la soledad vive dentro del témpano de la fama. Tampoco me cabe esa de decir "nunca perseguí la gloria", y de pronto fue todo lo que hizo, no le avisaron aún que no parece que todo fue sin querer, es un acto de defensa cerrar los ojos, pero igual queda en modo visible, aunque los lerdos lo vean como un tipo humilde, y lo peor de todo, vivan en el mismo engaño, mejor dicho mueran por él/ella, y con él/ella, todos saben que el vacío no se llena. La fama paga, y se roba tu esencia, para alimentar al pozo ciego de almas zombis, gente que camina directo al abismo, felices de no tener que ser ellos mismos, que entregan su poder para formar parte del horizonte de clonados, que van marchando para entregar su existencia. Si levantamos la cabeza, arriba del muñeco/a, hay unos hilos, alguien que maneja las marionetas, esos hilos son información codificada y enlazada que conforman una pleura planetaria, el contenido absoluto del laberinto, una red, y más arriba otro que maneja al que maneja las marionetas, y así hasta llegar más arriba que el propio sistema solar.
¿Quién dijo que esto era a lo que debíamos resignarnos?